El
sueño nunca encontrado en el desplazamiento de los indígenas y campesinos colombianos
Grado
undécimo humanidades
Curso:
Modelos de desarrollo económico en Colombia
Profesora:
Beatriz Grisales
La concepción americana y
del Reino Unido frente a cómo se lleva a cabo un eficiente y sostenible
crecimiento económico, se difundió globalmente después de la Gran Depresión de
1920. Colombia, sin tomar en cuenta sus particularidades favorables territoriales
y ambientales, se decide a implementar la industria y la tecnología como base
para el crecimiento económico. El sustento económico principal pasa
radicalmente de ser la agricultura, a uno de tecnología, industria y maquinaria,
sólo por haber sido un éxito en Norte América y Europa, se creyó que sería de
igual manera la forma más propicia de superar los conflictos económicos que
dejó la Gran Depresión. La Apertura Económica, le abre camino al país para la
globalización, es decir, a la
importación de maquinaria y tecnologías así mismo como a la exportación de
nuestros productos. A continuación se examinará qué impacto tuvo el
esparcimiento de la industrialización y la marginalidad por parte del Estado
hacia los indígenas y campesinos en la Apertura Económica, dando como resultado
el desplazamiento de estos mismos hacia las ciudades.
En 1990, bajo la presidencia
de César Gaviria se comienza a dar un proceso de descentralización del Estado y
reformas estructurales como la inserción de mercados nacionales en la economía
mundial. El pensamiento capitalista que ya venía implantado desde comienzos de
1900, toma control del Estado y sólo los llevó a reconocer las grandes
industrias como las únicas que juegan un papel importante en la economía. La
rapidez, eficacia y por supuesto el ahorro de capital que se tenía al utilizar
la maquinaria importada para la producción, le traen graves consecuencias a
miles de indígenas y campesinos que solían producir y vivir en tierras
heredadas por sus generaciones anteriores.
Los macro proyectos han
mediado en la pérdida de territorios colectivos. La procuraduría afirma que
“los pueblos indígenas han perdido territorio durante décadas ante la
implantación no consultada de proyectos de explotación de recursos naturales”.
En el mismo documento esta entidad advierte de esta situación en Putumayo, ante
la construcción de la vía. Mocoa-Puerto Asís y el ingreso de las petroleras
Texas Petroleum Company y Gulf Oil Company, a las que el Gobierno les entregó
con autorización por 30 años la explotación del crudo en Orito. Aunque el
Incora constituyó cuatro reservas en este departamento a comienzos de los años
setenta, en 1992 debido a la construcción de megaproyectos, a los indígenas
sólo les quedaba el 26% de los territorios que inicialmente tenían, afirma la
Procuraduría. Para complementar, con la llegada de grandes empresarios el
horizonte cambió: “Somos campesinos sin tierra que vemos cómo las sabanas y
playones comunales que aprovechábamos son cercados y saturados de palma
africana y ganado. Las tierras que no podían ser tituladas a los campesinos y
pescadores sí fueron entregadas a las empresas de palma”, afirmó Salvador
Alcántara, de la Asociación de Productores Alternativos de Simití, Asproas, en
el seminario “Las configuraciones de los territorios rurales en el siglo xxi”.[1]
A su vez, aprovechando la vulnerabilidad y la
marginalidad por parte del Estado hacia los campesinos e indígenas, grandes
industrias ofrecen cantidades de dinero apartemente altas por comprar terrenos
de alta biodiversidad y cultivos para instalar sus fábricas, que, por supuesto,
son totalmente apoyadas por el
Estado. Bajo la presión de
escases económica, montones de familias venden las tierras con las que solían
ganarse la vida, y se movilizan hacia las ciudades dado que esas tierras hace
mucho habían dejado de darles el dinero necesario.[1]
Los suceso acabados de
mencionar, son sólo dos de los muchos que han dado como efecto el
desplazamiento. La negligencia del Estado frente a las industrias que arrasan
con territorios ajenos sin permiso ,y, el aprovechamiento de la escases
económica para comprar tierras a bajos precios han dado como resultado un 38,2%
en la región de la Costa Caribe, la Amazonía, Orinoquía y el Pacífico con un 34,5%
y por la región Andina un 27,3%.[2]
El Estado sólo se concentra
en cómo seguir desarrollando la economía y las necesidades básicas de la
sociedad como la salud, educación, vivienda, protección e identidad entre
otras, pasan a un segundo plano. La falta de reconocimiento y marginalidad a
las que se ven sometidos, los conlleva a buscar otras alternativas para ganar
dinero y poder saciar no sólo sus necesidades básicas sino las de sus seres
queridos. Las ciudades, siendo el lugar donde están situadas todas las
industrias, se tornan en el nuevo provenir de los campesinos e indígenas en
busca de nuevas oportunidades. Familias enteras dejan sus antiguas tierras
donde frecuentaban producir para vender al mercado y tratan de entablar una
nueva vida en la ciudad. Sin embargo, la falta de educación y conocimiento
respecto a la tecnología y uso de nuevas maquinas, complica el chance de estas
personas para conseguir un trabajo digno y merecedor. Se recurre entonces, a la
única alternativa accesible: un trabajo del salario mínimo que escasamente
alcanza para la alimentación de una familia. [3]
No sólo las comunidades indígenas
y el campesinado de Colombia se ven afectado extraordinariamente por causa de
la Apertura Económica, la industrialización, y la marginalidad del Estado. Las
pequeñas y medianas industrias de la misma manera sufren las consecuencias de
no tener campo en el mercado nacional o internacional. Se crea un monopolio, el dinero sólo circula por
las grandes industrias y el Estado, y
unos pocos comienzan a ser los dueños de todo. ¿Dónde está la igualdad de
oportunidades al permitir que unas máquinas remplacen a miles de personas
dejándolas sin manera de ganarse la vida? ¿Hasta dónde puede cegarnos la
ambición para poner encima el dinero sobre la calidad de vida de toda una
población?
El desplazamiento se mira
como un nuevo horizonte de sueños a realizar, se termina volviendo un círculo
vicioso de una pesadilla interminable que ha venido ocurriendo desde hace
muchos años. La calle se vuelve el hogar de muchos, la basura de los ricos el
alimento de otros, el derecho a los servicios públicos, la educación y la
salud, se vuelve un privilegio para quienes poseen dinero, y, lo más
importante, la identidad de cada una de estas personas se reduce a la
inexistencia. La educación siendo la base para poder acceder a un trabajo que
promueva dinero para vivir sosteniblemente, no es el camino que siguen los menores
de las comunidades indígenas, además, el arrebato de tierras ya no les permite
recibir la educación cultural que la occidentalización destrozó. Día y noche,
niños y niñas trabajan en las calles
vendiendo cosas para ayudar a sus padres y hermanos a ganar dinero y satisfacer
sus necesidades básicas. El ciclo se repite cuando los niños crecen sin educación
y por ende sin cultura.
BIBLIOGRAFÍA:
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Parte I, Capítulo 1: De la sustitución de importaciones a la apertura
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DESPLAZAMIENTO FORZADO EN COLOMBIA El “reasentamiento de hecho” y el derecho al
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Fecha de publicación desconocida.
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